Muchos productores contratan  el servicio de monitoreo de plagas, malezas y enfermedades de A&T, con el objetivo de realizar un seguimiento profesionalizado de sus cultivos y así poder “dormir tranquilos”. Por otra parte, la baja en el precio de los granos y el aumento de la incertidumbre económica y política, hacen que cada peso invertido en la protección de los cultivos tenga que revisarse. Sumado a esto, la aparición de malezas resistentes, nuevas plagas y el siempre difícil manejo de enfermedades, conforman un escenario más complejo y arduo para la toma de decisiones. Dentro de este contexto, A&T definió rever el criterio con el que decide los gastos en protección de cultivos asegurándole al productor la máxima rentabilidad de su inversión.

En este sentido, generalmente las empresas prestadoras de servicios de monitoreo de cultivos utilizan los “Umbrales de Daño Económico” como referencia para la toma de decisiones en la utilización de agroquímicos, pero hay que tener en claro que estos umbrales son sólo una herramienta, que debe ser modificada según cambien las condiciones, puesto que el análisis del contexto pasó a ser tan relevante como la situación agronómica particular. Es decir que, además de tener en cuenta los recuentos de plagas y/o malezas, hay que ponderar una serie de factores tales como: la variación que ha sufrido en los últimos tiempos el comportamiento de las distintas malezas, plagas y enfermedades; el funcionamiento de los diferentes productos destinados a controlarlos; la interacción con el ambiente; la severa disminución en los precios de los granos; el costo y las características del producto a utilizar; las condiciones del cultivo; el control biológico; la presencia en el mismo momento de una o más malezas, plagas y/o enfermedades; y  la logística de aplicación.En definitiva, debemos monitorear los cultivos con criterio.

Un ejemplo de lo anterior, es la roya en maíz. En general se sabe que el umbral para decidir un control de esta enfermedad es de 10-15 pústulas en promedio de las hojas superiores, inferiores y de la espiga. Hoy, con la baja en el precio del maíz este umbral debe elevarse a 25 pústulas promedio para que el control de la enfermedad sea rentable. Otro ejemplo de lo expresado anteriormente, es la aplicación de fungicidas en soja. La respuesta promedio a la aplicación de estos agroquímicos es de 300-450 kg/ha de soja para una soja de 3000 kg/ha de rendimiento con un costo de control de aproximadamente 150 kg/ha de soja. Pero si no ocurren precipitaciones mayores a 30-50 mm entre R3 y R5, la respuesta no pagará la aplicación.

Todo esto demuestra que debemos utilizar toda la información generada, para ayudarnos en la toma de decisiones, y así aumentar las posibilidades de realizar inversiones seguras en protección de cultivos. Siempre es válido el criterio de que no podemos perder ingresos por no controlar en forma adecuada las malezas, plagas y enfermedades, pero especialmente en un año dominado por un alto nivel de incertidumbre hay que tener muy presente que nuestros clientes no pueden aplicar insumos que no generen un resultado económico positivo.


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